Aunque nos quieran hacer creer que sí, no necesitamos tomar leche

Desde siempre se nos ha hecho creer que necesitamos consumir leche, primero, para crecer fuertes, segundo, para seguir manteniendo nuestros huesos en estado óptimo. Todo esto ha llevado a que la leche y sus derivados como el queso, el yogurt, el suero de leche y otros sean parte esencial de nuestra dieta. 

Pero la verdad es que la publicidad de la industria láctea promueve el consumo de leche en base a una necesidad nutricional que no es real, y oculta el inmenso sufrimiento que les provoca a vacas y terneros a costa de su producción al mismo tiempo que el daño que provoca a nuestra salud y el planeta. De igual manera, los gobiernos también son promotores de tal consumo: en Estados Unidos los colegios están obligados a ofrecer leche a los niños en cada comida en cumplimiento con las leyes federales y a riesgo de enfrentar pérdidas de fondos federales. En México el Programa de Abasto Social de Leche Liconsa distribuye leche a precio subsidiado.

Pero existe evidencia científica de que la leche está asociada a diabetes desde el inicio de la infancia, cáncer, rinitis, obesidad, asma y artritis, entre otras enfermedades. Para aumentar el nivel de producción de leche, las vacas son inyectadas con la hormona bovina del crecimiento recombinante, la misma incrementa el ritmo de producción de leche pero al mismo tiempo el factor de crecimiento insulínico tipo 1, lo cual está comprobado que promueve el crecimiento de la células cancerígenas. 

Además, la leche es uno de los alimentos que suele ser retirado del mercado con más frecuencia debido a su alta contaminación con bacterias como salmonela, estafilococo, listeria, E. coli 01573 y mycobacterium paratuberculosis. Al igual que otros productos de origen animal, la leche contiene altos niveles de concentraciones de venenos que incluyen pesticidas y otros tipos de contaminantes ambientales. 

Actualmente existe una gran cantidad de alternativas a los productos lácteos disponibles en los supermercados y que también ser pueden preparadas en casa. Muchas personas alrededor del mundo están eligiendo las leches vegetales como parte de su alimentación porque rechazan la crueldad y el maltrato de la industria hacia las vacas y sus terneros y porque quieren cuidar su salud conscientes también del gran impacto medioambiental que la producción de lácteos tiene para el planeta.