Exponiendo la cruel realidad de los conejos en México

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Igualdad Animal documenta por primera vez impactantes escenas de maltrato hacia los conejos en granjas de México, así como la falta de cumplimiento de la norma que obliga a inducir a los animales a un estado de inconsciencia antes de la matanza.

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¿A qué sabe la carne de conejo?
A esto sabe.
Esta es una granja semi intensiva de conejos,
aquí se crían y se matan
cientos de conejos al día.
¿La razón?
Vender su carne.
El equipo de Investigación
de Igualdad Animal en México
logró infiltrarse a las instalaciones
de varias granjas de conejos
ubicadas en Querétaro y Ciudad de México,
en todas ellas la norma
fue la violencia y la crueldad.
Teniendo como común denominador
el hacinamiento de decenas
de conejos en jaulas de alambre,
el manejo brusco y violento
hacia estos animales
por parte de los trabajadores
y una muerte que se realiza
estando plenamente conscientes.
Como en el caso del resto de los animales
explotados en la industria ganadera,
los conejos no están protegidos
por las leyes mexicanas en etapa de crianza,
por lo que son víctimas de una serie
de prácticas que atentan contra su bienestar.
Y si bien existe regulación
para las etapas de transporte y matanza,
estas se incumplen.
Dejándolos sufrir una muerte
que supera cualquier ficción.
La vida de los conejos criados para consumo
pasa mientras están encerrados
en jaulas pequeñas con piso de rejilla
obligados a estar
recostados o sentados.
Debajo de la rejilla se almacena la orina
y el excremento por tiempos prolongados,
exponiéndolos
directamente a estos contaminantes.
A estas condiciones se suma
que las granjas no cuentan con ventilación,
por lo cual los conejos suelen
estar aletargados y respirando agitadamente.
Las condiciones de vida
en estas jaulas varían dependiendo
si son macho o hembra,
reproductores o están en engorda,
todos con daños físicos y emocionales.
Los machos reproductores
viven durante toda su vida aislados,
aproximadamente
cuatro años, uno por jaula,
alejados de la compañía de otros conejos,
para luego ser enviados al rastro.
El tiempo de vida de las
hembras reproductoras se mide
por el número de partos que tiene
y si da o no da suficiente leche,
si no cumple con los estándares de la
industria, son enviadas al rastro.
Mientras viven, son separadas
aleatoriamente de sus crías
y no pueden alimentarlos,
se dedican a morder los barrotes de la jaula
intentando acercarse al nido
donde están sus conejos.
Al día siguiente,
son llevadas de forma brusca
con el conejo macho
para que sean montadas y
queden nuevamente preñadas,
comenzando un nuevo ciclo
de dolor y maltrato.
El manejo brusco de los trabajadores
hacia los conejos
es lo común dentro de estas granjas.
En los diferentes procesos rutinarios
se les agarra fuertemente
del lomo o del cuello
para levantarlos y luego arrojarlos.
Al ser cambiados de lugar,
los trabajadores dejan caer
bruscamente a los conejos dentro de la jaula,
chocando contra las rejas
y quedando inmovilizados.
Los conejos que ya están en ese espacio
atacan a los nuevos
sin que haya intervención del trabajador
para que no se hagan más daño.
Alrededor de los 45 a 47 días de edad,
los conejos que alcanzaron el peso requerido
son transportados en
un carro de supermercado,
siendo arrojados uno encima del otro,
provocando que se aplasten entre ellos.
A los conejos se les mata
mientras están conscientes,
por lo que son capaces de
experimentar todo el dolor.
Antes de desangrarlos aleatoriamente
con un corte de cuello,
son colgados
de las patas traseras.
Los aún vivos son testigos del miedo
y sufrimiento de los que ya han sido matados.
El ambiente se inunda
de los chillidos de dolor
que emiten estos animales, normalmente silenciosos.
Lo que sigue es cortarlos
en pedazos y empacarlos.
Para la industria cárnica
la vida de cada conejo no vale hasta que están
empaquetados para su venta.
Toda buena vida que hubieran podido tener
los conejos se olvida en estas granjas.
No hemos fotografiado la excepción.
No hemos filmado un caso aislado.
Esto sucede así en todas partes del mundo.
Lo hemos documentado
en España y también en Italia.
Y sucede a todos los animales
criados para consumo humano,
sin importar su especie.
Ahora que conoces cómo
es la vida de los animales para vender su carne
y el sabor desagradable
que deja ver estas imágenes,
¿nos ayudarías a detener este maltrato?
Desde hoy elige una
alimentación basada en plantas.
Elijamos pasar de esto...
... a esto.
Nuestras decisiones y hábitos al comer
cambian la vida de millones de animales.