Resistencia, camaradería y fuerza: lo que se necesita para cambiar la vida de los animales en granjas
Por qué estamos aquí
Quiero empezar con algo muy simple y muy honesto:
Si estamos hoy aquí, después de días intensos de conferencias, talleres, debates, inspiración y aprendizajes, no es porque este trabajo sea fácil. Estamos aquí porque, aun cuando es difícil, decidimos no mirar hacia otro lado.
Pero también estamos aquí atravesadas por contradicciones. Y es importante nombrarlas.
Hoy nos reunimos en un hotel de una gran cadena internacional que, pese a tener una política pública de huevos sin jaula, aún no la cumple plenamente: Marriott. No lo menciono para señalar culpables individuales ni para deslegitimar este espacio. Lo menciono porque el activismo real ocurre precisamente ahí: en medio de las contradicciones, no fuera de ellas.
Todas las personas en esta sala vivimos dentro del mismo sistema que queremos transformar. Consumimos, viajamos, trabajamos y organizamos conferencias en estructuras que todavía no están alineadas con nuestros valores. Reconocerlo no nos debilita; nos hace más honestas y más estratégicas.
La diferencia no está en ser moralmente puras. Está en no normalizar la incoherencia. En usar estos espacios para exigir cambios concretos. En recordar a las empresas que sus compromisos no son marketing, sino responsabilidades.
Y aquí quiero detenerme un momento en algo que suele incomodarnos: las contradicciones.
Las contradicciones no son una falla moral individual. Son parte de la naturaleza humana cuando intentamos cambiar un sistema desde dentro de ese mismo sistema”.
Vivimos, trabajamos, consumimos y nos organizamos en estructuras que no diseñamos, pero que nos atraviesan todos los días. Pretender que el cambio solo puede venir de personas completamente ‘puras’ no solo es falso, es paralizante.
La contradicción aparece cuando nuestros valores van más rápido que las estructuras que existen. Y eso no es incoherencia.
La incoherencia es saber que algo está mal y decidir normalizarlo. Es no cuestionar, no exigir, no empujar cambios.

En cambio, reconocer una contradicción y nombrarla es el primer acto de responsabilidad ética. Cuando decimos: “esto no está alineado con lo que es justo y por eso queremos cambiarlo”, dejamos de ser parte pasiva del sistema y nos convertimos en agentes de transformación.
El movimiento por los animales no necesita activistas perfectos. Necesita activistas conscientes. Activistas capaces de vivir con la tensión, sin usarla como excusa para la inacción.
Abrazar las contradicciones no nos debilita. Nos vuelve más fuertes, honestas, y más estratégicas. Y es desde ahí, no desde la pureza, que se logra el cambio real para los animales.
Cerrar estas conferencias no es solo un acto simbólico. Es un momento político y ético. Porque lo que hagamos después de AVA importa más que lo que dijimos aquí.
Hoy quiero hablar de tres cosas que no suelen aparecer en los manuales de advocacy, pero sin las cuales nada de lo que hacemos sería posible y que son parte fundamental de Igualdad Animal: resistencia, camaradería y fuerza.
Resistencia: negarse a normalizar la crueldad
La resistencia no es una consigna romántica. Es una práctica diaria.
Resistir es negarse a aceptar que esto es “lo normal”. Que es normal que una gallina pase su vida en una jaula. Que es normal que un cerdo no vea nunca la luz del sol. Que es normal que el sufrimiento sea invisible porque ocurre lejos de las ciudades, detrás de muros, bajo contratos de confidencialidad.
En América Latina resistir muchas veces significa trabajar contra Estados capturados por intereses agroindustriales, contra marcos legales débiles o inexistentes, y contra una narrativa cultural que separa artificialmente la comida de la violencia que la produce.
Desde Igualdad Animal hemos aprendido que la resistencia no siempre se ve heroica. A veces es presentar una denuncia sabiendo que tardará años. A veces la resistencia es volver a entrar a una granja aun sabiendo el impacto emocional que eso tendrá.

Otras veces es insistir durante años en reformas estructurales, como la eliminación de jaulas o el reconocimiento constitucional del deber de proteger a los animales, cuando te dicen que es políticamente inviable.
La resistencia también implica sostener la verdad cuando incomoda. Cuando las investigaciones muestran imágenes que nadie quiere ver. Cuando los datos científicos contradicen los discursos oficiales. Cuando denunciar trae amenazas, demandas o intentos de silenciamiento.
Pero resistir no es solo aguantar. Resistir es no ceder en lo esencial: la idea de que los animales no son cosas, que su sufrimiento importa, y que la ética no es negociable, aunque la estrategia sí lo sea.
Camaradería: del enojo individual a la acción colectiva
Si la resistencia es negarse a normalizar la crueldad, la camaradería es negarse a luchar en soledad.
El sistema que enfrentamos es enorme. Corporaciones multinacionales, cadenas de suministro globales, aparatos legales complejos, décadas de normalización cultural. Pensar que una persona o una sola organización puede cambiar esto sola no solo es falso, es injusto.
La camaradería transforma la indignación individual en acción colectiva.
La he visto en equipos que se sostienen después de una investigación dura. En organizaciones que comparten información en lugar de competir. En activistas que se turnan para cuidar a quien está agotado. En campañas que cruzan fronteras y contextos culturales.
En América Latina, la camaradería ha sido clave para sobrevivir. Porque aquí el activismo por los animales no siempre es financiado, y muchas veces es ridiculizado o atacado.
Pero la camaradería no es solo llevarse bien. También es tener conversaciones difíciles. Es construir acuerdos estratégicos. Es aceptar que no siempre pensamos igual, pero que el objetivo común, reducir el sufrimiento animal, es más grande que nuestros egos. Es respeto.
Un movimiento fuerte no es un movimiento homogéneo. Es un movimiento que sabe coordinar diferencias sin fragmentarse.
Fuerza: convertir la ética en cambios estructurales
Hablar de fuerza en este movimiento puede parecer incómodo. A veces se confunde la fuerza con la agresividad, o con la imposición. Pero no es eso de lo que hablo.
La fuerza es la capacidad de sostener estrategias a largo plazo.
Es la fuerza de traducir la ética en políticas públicas. En reformas legales. En compromisos empresariales verificables. En cambios que realmente mejoren la vida de los animales. La fuerza es entender que la compasión sin estructura se agota”.
En Igualdad Animal hemos aprendido que el cambio real ocurre cuando combinamos investigación, incidencia política, presión corporativa y movilización social. Cuando dejamos de pensar en acciones aisladas y empezamos a construir rutas de cambio.

La fuerza también implica profesionalización. Datos sólidos. Argumentos jurídicos. Estrategias de comunicación claras. Evaluación constante de impacto.
Porque indignarse es necesario, pero no suficiente.
Y aquí quiero ser muy clara: no hay contradicción entre tener claridad moral y ser estratégicas. La ética es el punto de partida. La estrategia es lo que permite que esa ética transforme la realidad.
Lo que nos llevamos de AVA Summit
Quiero cerrar volviendo a los tres pilares.
Resistencia, para no normalizar la crueldad, aunque esté legalizada.
Camaradería, para no luchar solas y para construir un movimiento capaz de sostenerse en el tiempo.
Fuerza, para transformar la ética en cambios estructurales que mejoren, de verdad, la vida de los animales.
El cambio duradero no nace solo de la inspiración. Nace de la responsabilidad. De la perseverancia. De la fuerza colectiva.
Lo que hagamos después de hoy importa. Cómo volvemos a nuestros países, a nuestras organizaciones, a nuestros equipos. Qué batallas decidimos dar y cómo las damos.
Los animales en granjas no pueden esperar a que estemos de acuerdo en todo. No pueden esperar a que sea cómodo. Dependen de nuestra capacidad de resistir, de cuidarnos entre nosotras y de actuar con fuerza”.
Eso, y no menos, es lo que se necesita para cambiar su realidad.

En América Latina aprendimos muy temprano que nadie se salva solo. Paulo Freire lo decía con claridad: los procesos de liberación no son individuales, son colectivos. Y eso atraviesa todas las luchas sociales de nuestra región. Rita Segato nos recuerda que frente a sistemas de violencia estructural, la respuesta no es el heroísmo individual, sino la construcción de lo comunitario. La red. El vínculo. El cuidado político entre quienes resisten. La camaradería no es un gesto blando. Es una forma de organización. Es entender que sostenernos entre nosotras también es una estrategia contra el poder que enfrentamos.
Resistencia para no rendirnos. Camaradería para no rompernos. Fuerza para cambiar, de verdad, la vida de los animales, que son y deben ser siempre los únicos protagonistas de este movimiento.
Gracias.
[FIN DE LA PONENCIA]
¡Toma acción por los animales!
La lucha por los animales es más necesaria y urgente que nunca. Cada día miles de millones de animales sufren las consecuencias de las industrias de la carne, leche y huevo que buscan maximizar su beneficio económico a través de la explotación animal.
Los animales deben vivir bajo sus propios intereses, no hacinados, maltratados o enjaulados. Únete hoy a Protectores de Animales y hagamos un mundo más justo para todos.

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